martes, febrero 02, 2010

Variaciones sobre un tema de amor (5)

5. Palabras. Dirás que son palabras y nada más. Que con palabras no se cambia el mundo. Lo sé aún desde antes de empezar a escribirte. Sé lo que dirás desde hace un mes, antes de levantar la pluma supe que dirías esa frase tierna, fatal.

Sueño que estoy, al mismo tiempo aquí y allá. Aquí, frente al cuaderno, pero allá, frente a ti, con el cuaderno entre nosotros. Escribo y al mismo tiempo te digo que todo es culpa tuya y de un sueño que te precede o te sigue desafiando al tiempo. Desafío también al espacio, porque estoy en todas partes, estoy en las letras, y en el futuro frente a ti con una historia a cuestas, pero también estoy aquí, mirando furtivo hacia la izquierda para espiar tu rostro, tu brazo, tu mano, que también escribo. Son sólo palabras, dirás. Ahí, entonces, pero también ahora y desde el principio, pensando en ti, mueren mis sueños. Palabras. Se secará la tinta. Cerraré los ojos y te veré partir herido por el resto de la vida y sin resignación porque sé que dirás la verdad. Son sólo palabras. Y con palabras no se cambia al mundo. Pero yo no tengo otra herramienta ni otras armas, sólo letras y palabras para cambiar el mundo al decirte no te vayas. Nada más puedo ofrecerte, no tengo otra cosa para recordarte o hacerte parte mía. Tú dirás que son palabras y nada más. Dirás la verdad. Vendrán después infinitos atardeceres en los que pensaré en ti y diré tu nombre. Y tu nombre ya no será tuyo sino mío, y por eso, será sólo una palabra. Recordaré tu nombre y acaso, en sueños, tu sonrisa. Recordaré que te vi partir herido y sin resignación posible. Llevaré tu signo marcado en el alma, las huellas invisibles, dolorosas, de lo que no es ni pudo ser. Dirás que son palabras. Te veré partir herido. Lo sé, lo he sabido siempre. Pero tenme compasión y no lo digas. Si tienes que irte, que sea en silencio al terminar estas líneas, déjame tu recuerdo como quisiera que me dejes algo de tu vida, soñada y real, déjame tu sonrisa, tu rostro a punto de sonreír, déjame el firmamento sobre tu piel. Son palabras, dirás. Y será verdad. Pero no lo digas, por favor. No lo digas para que al cerrar los ojos y perderme en mis palabras me convenza de que dicen algo y tienen también su verdad. Son palabras, pero no lo digas, para que al cerrar los ojos no recuerde que una tarde te vi partir, herido para toda la vida.

Dirás que son palabras. Lo sé. Y sin embargo, contra toda esperanza, espero. Y me atrevo a pedirte que no lo digas, a rogarte que no lo digas. Que calles. O que llores sólo un poco, lo suficiente. O sonrías y me tiendas la mano como en un sueño. Y que si eso es un sueño, no despierte nunca o si estoy despierto, no duerma otra vez. Son palabras pero no lo digas, querida. Cualquier cosa menos eso. No quiero verte partir antes de que haya escrito tu nombre por lo menos una primera vez infinita. No te vayas, como los barcos y los augurios. No quiero verte partir sin que te haya dicho que te quiero de una vez y sin final.


3 comentarios:

D dijo...

Mi favorita... ¡Gracias siempre corazón!

Ferran D' Margarita dijo...

Erick, esta vez fui capaz de leer tu texto en menos de dos minutos, fijar mi atencion en el y sentirme totalmente identificado, creo que a eso le llaman receptividad.

Si te paseas por mi blog lo comprenderas.

Cada que te leo, siempre encuentro un camarada, ahora veo porque, somos la clase de tipos a quienes solo nos quedan las palabras.

aunque siempre no lastimen mas.

Alvaro dijo...

a estas alturas solo me queda decir: abrabrabar...... creo que te entiendo, me entiendes y los dos somos un par de pendejos... aj aj aj