Aviso de Ocasión

Con la maestría todos los planes cambiaron, todos los andamios se vinieron abajo. Cuesta trabajo hacer tiempo para leer o escribir lo que uno quiere. Pero lo que le dejan a uno leer o escribir es igual o mejor que lo que uno quisiera.

Quizá después, cuando haya calma, habrá algunas reflexiones sobre lo bueno, lo malo, lo hermoso de la experiencia. Por ahora, trabajo duro y una que otra infatuation que ojalá llegue a más...

lunes, noviembre 16, 2009

Variaciones sobre un tema de amor (1)

1. Levanto la pluma, escribo. Escribo que levanto la pluma y así gano tiempo, el breve instante que separa letra y palabra, para pensar tu nombre y preguntarme si basta esa palabra para crearte o conjurarte. Si acaso basta la palabra que te nombra, con sus pocas letras y su palíndromo sencillo para encerrar todos los instantes y eternidades imaginarias que despiertas al coincidir conmigo.

Levanto la pluma y lo escribo un instante después porque aún no sé decidir si ese, tu nombre que rehuye del papel, bastará en mi memoria para darle vida eterna a los nombres efímeros que te inventé y me sirvieron para pensarte cuando aún te miraba desde lejos. Tu nombre es tuyo y acaso no vibre al mismo tono y timbre de la voz que tuviste en mi sueño antes de que cruzaras palabra con mi cuerpo.

Tu nombre es tuyo, pienso antes y mientras escribo, la fantasía, en cambio, es toda mía. ¿Puede entonces tu nombre ser efigie de la fantasía que fuiste antes de ser? Te inventé una imagen y un carácter que no son sombra de tu vida. Te quise en sueños, pero te quise más en carne y hueso para así poder tenerte. No sé si mi ilusión aún moldea tu cuerpo, o te pinta de otro modo cuando me llenas la mirada de alegría. Exististe antes de mí, pero en algún modo mis sueños te crearon nueva, y aún brilla sobre ti el fuego fatuo de lo inalcanzable.

Con tu nombre digo lo que eres, pero también lo que pudiste ser, y lo que te hacen ser mis ambiciones. Con tu nombre digo también lo que soy después de ti, contigo, lo que seré al final sin ti. Tu nombre entonces, no te pertenece, ni a mí.

Levanto la pluma, escribo. Un instante suficiente para no escribirte. Para decidir guardar las letras de tu nombre hasta que reescribas tu futuro y mi pasado, hasta que la vida conjure en un instante toda posibilidad: lo que es y no, lo que puede ser, lo que no será.

Tomo la pluma y no escribo. Esto que era o pudo ser una página en blanco, ahora es el deseo de encerrar la eternidad en las letras que te nombran y describen mi destino, las letras que quise escribir al levantar la pluma y se fueron multiplicando sin llegar jamás a formar la palabra como quiero escribirla. Acaso es imposible.


miércoles, septiembre 23, 2009

Platón, Shakespeare, Wittgenstein


Dicen que terminaré loco por andar hundido hasta el cuello entre libros. Y aquí recuerdo de nuevo a Cortázar —sigue el homenaje— y su anécdota del maestro que recomendó que le prohibieran leer tanto, no fuera a hacerle daño. Pero uno es afortunado y los maestros le dicen que no lee suficiente, así que no habrá fascismo ignorante que tapie el quijotesco camino a la locura que se presenta en mi futuro.

Y es que uno sospecha que empieza a perder la razón cuando encuentra relaciones entre Platón, Shakespeare y Wittgenstein, cuando se da cuenta de que tienen en común una visión del mundo opuesta al cientificismo moderno. Una visión más trágica y hermosa que estamos educados para ignorar o rechazar en todo lo posible: Platón separaba el mundo en dos partes, el mundo de las ideas que corresponde a la Verdad, pero no a la realidad, y el mundo de las apariencias, que es realidad pero no verdad. Resulta entonces que realidad es sinónimo de apariencia, antónimo de verdad y que todos los días, todas nuestras acciones equivalen a dar tumbos en la oscuridad o la penumbra, en busca de un mundo mejor al que sólo la gracia y la luz de lo sobrenatural pueden acercarnos. De ahí, no es muy difícil dar el salto a Macbeth, en cuyo soliloquio, del acto V, nos invita a pensar en el mundo:


It is a tale

told by an idiot, full of sound and fury

signifying nothing


Todo en la tierra, todo lo que vemos y nos determina en este mundo es falso, un reflejo o sombra pálida de la verdad. A la luz no se llega por la sombra y por eso debemos arrancarnos el cuerpo, que es la parte más real y, por lo tanto, más aparente de nuestro ser. Renunciar al cuerpo y los sentidos que son príncipes de la mentira, fuente de sonido y furia, obstáculos a la verdad. Volcarse de lleno al espíritu, la razón y el arte.

Llega entonces Wittgenstein, para decir que las ideas de Platón y de Shakepseare, e incluso, las ideas del propio Witt, están expresadas en un lenguaje, que es producto de la carne y los sentidos, que es parte de la realidad y por lo mismo, aparente, falso. Es decir, pensar en este mundo como una historia sin sentido contada por un idiota es ofrecer apenas un pálido reflejo, una figura difusa del verdadero patetismo de la vida. El lenguaje es apariencia y eso significa que también lo son lo que llamamos arte y razón.

Nuestro mundo es un mundo a medias y eso es una tragedia. El mundo es trágico en el discurso de Platón, porque vivimos metidos en una caverna, con los ojos vendados y sin conciencia para saber que afuera hay luz. El mundo es trágico para Shakespeare pues estamos atrapados entre cielo y tierra, entre virtud y caída, debatiéndonos furiosos entre el sonido y la furia, sin sentido. El mundo es trágico para Wittgenstein porque nada podemos decir que valga la pena ser dicho, las palabras son algo como balbuceos dementes, monólogo a millones de voces donde cada uno pretende decir algo y todos hacen como si entendieran.

Esta idea de la humanidad como una suerte de esquizofrénica incapaz de ver diferencias me fascina. Y ahí es donde uno ya no sólo sospecha, ahí es donde uno sabe que empieza a perder la razón, porque es necesario aceptar que todas estas palabras son apariencia de razón y sentido, pero son en esencia un balbuceo incoherente de gritos y blasfemias. Pero llamarlos así es dar apenas una idea difusa de su verdadero absurdo. Entonces, ¿por qué escribir, leer, amar, fornicar, llorar, vivir?

Porque entonces, esto que sabemos del mundo, este aparente sinsentido, esta realidad sin explicaciones, este mundo trágico, es sólo una concepción oscura y juzgarlo aquí es volver al bucle del absurdo. Sólo sería posible aventurar un juicio acerca de este lado y confiar en él, si estuviésemos de aquél lado. Sólo la verdad muestra lo pálido de la apariencia, pero de la verdad nada sabemos y nada podemos decir, escoger la vida o la muerte da lo mismo porque la acción no está justificada, es sólo un nuevo grito furioso, otro tropiezo en la caverna. En eso, estamos todos de acuerdo: Platón, Hamlet, Wittgenstein y hasta yo.

Y estamos de acuerdo también en que este sentido trágico no nos roba ni una onza de placer y gusto porque entonces, ante la apariencia del deseo, ante la sombra del ideal, nada importa, ni este mundo ni el otro. Como dijera Richard Gloucester:


And yet to win her, all the world to nothing!


Platón, Shakespeare y Wittgenstein, abarcan entera la historia intelectual de la humanidad agnóstica. Curioso que a pesar de los milenios y el progreso, la “modernidad” nos haya educado para ignorar la tragedia y el futuro. Ahora la verdad es este mundo, verdad ahora es sinónimo de realidad. Es un mundo mas pobre, la misma historia contada por un idiota más discreto, menos escandaloso, un loco catatónico. Prefiero el sonido y la furia, prefiero que mi cabeza “muerda y vocifere ya rodando en el polvo”. Por lo menos es más divertido.


Septiembre 23, 2009

14:51 Hrs.


miércoles, agosto 19, 2009

Biblioteca

Es fácil olvidarse de la cantidad de cosas que hay allá afuera cuando uno se instala en la seguridad del horario laboral, el sueldo cada quincena y la rutina. Por eso hace bien escaparse de pronto de esa realidad —quizá sería mejor decir, irrealidad— y volver a la escuela. Ahí se encuentra uno con lo maravilloso y lo inesperado, ahí nacen reflexiones que enriquecen el espíritu.

Así me pasó hace unas horas, mientras hacía una fila interminable para sacar las tres copias del temario para alguna materia. Estaba en la segunda sección de la biblioteca, donde se concentra la mayor parte de la literatura universal. Por supuesto que hay vigilantes para evitar los robos de libros que de cualquier modo suceden. Y uno, como buen atascado cultural, se imagina que no hay trabajo como ser vigilante sindicalizado en la biblioteca de Filosofía y Letras. Tener al alcance de la mano durante ocho horas al día, toda la literatura del mundo, en todos los idiomas, en las mejores ediciones críticas. Y que además le paguen a uno por estar ahí “vigilando”! Es decir, sentado en su puesto y perdiendo el tiempo. Como Borges, tendría tiempo suficiente para leer todas las enciclopedias y no habría preocupación por el dinero. Hasta del más bárbaro podría sacarse un sabio a la Voltaire!

Pero entonces, uno mira al vigilante quien, con el mismo cuidado y precaución que uno pondría al hojear la primera Biblia impresa por Gutenberg, revisa un catálogo de la papelería Lumen, ajeno a toda la gesta cultural y estética de la humanidad. No puedo evitar pensar en Sócrates, en que uno no escoge el mal sino sólo por ignorancia. Pero, ¿a quién le toca juzgar?


sábado, julio 25, 2009

País llamado Cortázar



Hace un par de meses, antes de las vacaciones, prometí que escribiría un pequeño homenaje al gran Cronopio, por su libro inédito y todo eso. Lo que no imaginé es que Julio me inventó primero, en el Último Round, como bien pueden atestiguarlo todos mis amigos que me saben medio obsesionado en la lectura de Wittgenstein. Curioso que en ese mismo juego de imágenes y palabras, Cortázar también respondió la pregunta más veces formulada al autor de estas líneas humildes: ¿de qué se trata yonosevivir? Dejo la imagen como prolegómeno —palabra que le encantaba a Julio— del futuro post que sustituirá en todo a este, y como invitación a la lectura del Último Round. Además un par de imagenes de la tumba del Cronopio, de su nombre junto al de Carol Dunlop. Ahí, ante esa lapida, con su animalito verde y solitario, escrita en dos nombres con sus fechas, encontré la mejor definición de amor, que ni con citas de Wittgenstein, ni de Marcuse ni de la puta que nos parió a todos. De eso se trata yonosevivir, de que uno no llega a ser cronopio, por más que lo intente, si es medio fama, medio esperanza.

miércoles, junio 03, 2009

Arcilla Roja rules!!

El amable lector que de vez en vez se aparece por estos desérticos parajes llenos de letras, sabe que no es el estilo de este humilde blogger crear entradas a partir de imágenes porque es mal fotógrafo y considera que todo eso es cosa del diablo. Hoy es necesario hacer una excepción porque es un día de manteles largos en que el humilde autor desea recomendar una excelente revista que tenía tiempo de andar buscando y muchas ganas de leer: Arcilla Roja, cuyo número más reciente llegó por fin hoy a mis manos.

Obtuve la revista por cortesía de María Vázquez, la mera jefa de toda la operación, quien además es autora de varios libros, fotógrafa y excelente editora —creo que con un másters y todo—. Para ti, María, todo mi agradecimiento por haber destapado esa botella al mar hace algún tiempo.

La revista es excelente, con un contenido visual y escrito que se presenta con equilibrio y elegancia. La revista es como uno de esos amigos inteligentes, que saben hablar de cosas serias sin demasiada gravedad y también disfrutan de los placeres sin esnobismo que a todos nos gustan siempre y cuando sean de buen gusto. Los conciertos, la política y la ventana al mundo por la fotografía. Arcilla Roja es esa persona cuya ausencia siempre se siente en la mesa de café, la que siempre tiene algo que decir, pero nunca habla por hablar. Es ese amigo del que uno está orgulloso porque se ganó a pulso un apoyo del FONCA.

Arcilla Roja está a la venta en Zacatecas, pero también en las librerías de Conaculta y en la FES Acatlán de la UNAM. Además, puede uno suscribirse si llama al —(+52)(492)899 0890— o si escribe a arcillaroja@gmail.com

Arcilla Roja me gusta. Y abrir una revista nueva ha sido siempre un ritual placentero. Saber que ahí esperan muchas letras e imágenes de otras tantas latitudes y tendencias. Es una ventana al caos o a la diversidad; lo mismo que en las papelerías el olor a tinta y papel nuevo que surge de una revista es algo especial, casi un vicio. Así que leí la editorial en la primera página y luego me encontré con mi paredro en el índice, anunciado en la sección transforntera, página 32. Mi paredro dice algo sobre una película de Jim Carrey, 23, pero lo ignoro.

El texto completo y legible de El Valle de los Gritos puede leerse aquí. La verdad es que cuesta trabajo creerlo, que uno sonríe con algo de incredulidad, con algo de miedo. Lo cierto es que mi paredro mira a María, como si viera una aparición en lienzo de Gaspar Luois David; mi paredro le sonríe y la abraza, y busca que el tacto le de una sensación de realidad o de certeza. Pero mi paredro tuvo una mañana difícil, le preocupa un cadáver en la Universidad, en las plazas y aceras que en un mes serán el escenario de todos sus días, le abruma una sentencia bien corrupta y además lleva encima una noche de insomnio. Así que ni el tacto, ni la sonrisa, ni el silencio bastan para convencerlo de que las cosas están pasando. Mi paredro piensa, al salir y dirigirse al auto, de que ha sido lacónico y acaso un poco antipático; y espera que María no lo tome demasiado en serio, así son algunos encuentros, así son algunas mañanas donde las buenas, las mejores noticias se ven un tanto manchadas por la desagradable realidad. Lo siento, y como un eco, también lo siente mi paredro. Pero prometemos, Maga, que pronto habrá celebración.

Y claro, mi paredro es un tipo de poca paciencia, de esos que cometen tropelías y alguna que otra falta de delicadeza por pura emoción o expectativa. Son legendarias sus metidas de pata en un examen profesional, con más de una novia o interés romántico, con todos los amigos. Mi paredro nada sabe de autocensura. Y por todo eso, lo que hizo de inmediato fue pasar a la página 32, como niño que se abalanza sobre la jarra de galletas, que corre tras los regalos en navidad, que celebra su cumpleaños con secreta avaricia. Pero todos somos así o tenemos algo de mi paredro así que ¿quién puede culparlo?


Mi paredro, y yo a su lado, devoramos poco a poco las letras, reconocemos esa dedicatoria vieja, de hace años, nos miramos el uno al otro y quisiéramos decirle "¿ves? cumplimos!"; pero acaso haya que pelearse de nuevo en la calle y ni gana que nos queda. Un sólo espectáculo de idiotez en la vida basta. Así que guardamos silencio y seguimos leyendo emocionados; mi paredro parece tener ganas de tirar la casa por la ventana y seguirla también él, lanzándose de cabeza por el puro gusto. Él cambia la página y revela el final que todos conocemos, reconoce las letras y sonríe. Mi paredro sonríe; hace meses y meses que no lo veía sonreír. Qué estilo tan pobre, murmura, que cosa tan trivial, continúa, bisbis, insiste. Entonces lo interrumpo. Las palabras arrancadas de su fuente ya no son cosa que pueda juzgarse; pero hay palabras que breves y fuertes, significan más que todos los devaneos de mi paredro.

"Sigue escribiendo", dijo María y por su voz hablaron también el destino y la necesidad. Sigue escribiendo porque no sabes hacer otra cosa. Por que por más que busques o intentes, ni en el mundo que inventes más a tu gusto, estarás satisfecho.


* * *


Supongo que el público culto y conocedor reconoció mi malogrado homenaje a Cortázar en este post. Es mi manera de decir, bienvenido de vuelta. Porque para bien o para mal, el cronopio resucitó con casi quinientas páginas inéditas de "Papeles Inesperados", cortesía de Alfaguara. Y eso, de lo que me enteré anteayer, me hace sospechar del destino y del futuro. Pero habrá un post especial de Julio.