Esto debí escribirlo aquél día importante pero no triste; más bien al contrario, una de esas pocas veces en que la necesidad de escribir viene de un instante feliz y que, por lo mismo, uno se siente tentado a esperar, disfrutarlo, guardarlo cerca del corazón y evitar exorcizarlo como el resto de lo que se escribe. He ahí la dualidad al escribir. Por una parte, casi todo el tiempo, uno escribe para pensar, para procesar y dejar ir lo que duele o molesta, para sacarse una espina del pie o del costado; por la otra, uno escribe ambiciosamente, para proteger lo que quiere, para escapar al olvido y a la traición de la memoria. Entonces me pregunto si al final ambas cosas se confunden, si deseo almacenar mi dolor porque lo quiero y exorcizar la bondad o la felicidad porque duelen. Hace años lo escribí: ser bueno siempre termina por doler. Quizá por eso tardo tanto en escribir acerca de los ratos alegres, por eso es tan difícil, quizá. Aunque me inclino más a pensar que para la felicidad, que es tan rara, tan poco común, no tengo frases construidas ni palabras prefabricadas. Requiere más tiempo para comprenderse y traducirse. Quizá, al final, es intraducible y por eso termino en la descripción; dejar el camino de pan a la memoria para que encuentre el camino a casa a través de la mera sugerencia:
Por el fin de semestre, Laura y yo, que trabajamos casi en edificios vecinos, hemos coincidido a comer en las últimas semanas, casi todos los días. Paso por ella, comemos, charlamos y un par de horas más tarde, la dejo en la entrada del Fondo de Cultura Económica. Una noche, antes de dormir, me pregunto si no será demasiado. Bien sé que mi simpatía no es mucha y que más de una vez se me escapa algún comentario desagradable sin pensar, casi sin darme cuenta hasta que lo he dicho y la mirada severa de mi amiga me hace ver mis palabras como son y no como pensé que serían. Estoy cierto de que a veces, tratarme mucho tiempo seguido puede ser más un ejercicio de paciencia que uno de gusto. Me pregunto, pues, antes de dormir, si no será demasiado, si Laura no estará ya en la amigable paciencia y no en el gusto acompañado. Estaba seguro, sin embargo, de que, de ser así, ella me lo diría con sencillez y mediano tacto. Algo así como, a riesgo de que nos hartemos, dejémoslo por unos días. Sin embargo, decidí que no estaría demás preguntárselo y decidí hacerlo al día siguiente si notaba alguna señal. Esa tarde comimos, reímos y la señal que esperaba llegó, pero justo al contrario de lo que yo pensé. Al despedirnos, preguntó si nos veríamos la tarde siguiente y cuando le dije que claro, con gusto, me explicó que pensó que tal vez yo había llegado a cansarme de que comiéramos juntos. Me quedé sin palabra. Ahora, mientras lo escribo, sonrío. Casi me río. Me levanto, tomo un respiro. Esto es amistad, esto es algo que puede hacerme feliz. Habíamos pensado cada quién más o menos lo mismo, considerándonos, conociéndonos, cada uno pensando en lo antipático que puede ser… si es que ella puede llegar a ser antipática, porque no me lo imagino. Todo se resuelve con risas y un: pero yo creí que tú… no? Bueno, nos vemos mañana.
Creo que esto es amistad. Creo que esto es lo que nos une. Alguien que es capaz de tomar tus inseguridades y quitártelas de la manera menos esperada, es una verdadera amiga. No sólo entiende; hace suyas tus dudas y te las pone de rente para que entiendas, para que te entiendas. Y es justo sonreír, no hay otro remedio. Porque entonces uno entiende que algo bueno ha hecho en la vida, a propósito o por casualidad. Porque algo he aprendido en estos años y sin dejar de ser el mismo, he cambiado, gracias a mi amiga. Uno lo nota porque los amigos siguen aquí, los mejores que pudiera desear. Entre el mar de rostros que va y viene, permanecen y te cambian la mirada, la perspectiva, la vida misma. Después de todo, uno tiene suerte y es más feliz de lo que cree, acaso menos antipático. Gracias a la amistad.
Y por más que uno busque un lado triste, ese retruécano de la escritura, no llega. Todo es bueno, todo se agradece, todo trae felicidad. Y eso es amistad.
Gracias amiga, por tus pocos años, por los que faltan, que sean muchos y largos. Te regalo estas letras que no son mucho, y mi amistad que ojalá sea tanto y más de lo que es la tuya para mí.
Felicidades Lau!!