
Arte, Filosofía, Filodoxía, Anacronismos, Nostalgias, Desengaños, Ilusiones, Humor Negro, Crítica, Desubicación, Confusión, Extrañeza, Alienación, Ajeneidad, Incomunicabilidad.
miércoles, enero 24, 2007
Luzern, Suisse

domingo, enero 14, 2007
Beethoven's Stadt
Bonn, Deutschland

Catedral Monasterio de Bonn, Alemania.
Bonn es una ciudad pequeña y hermosa, lugar de nacimiento de Beethoven. En ella pasé un par de días, bastante melancólicos. No puede evitarse la nostalgia con el Rhin a unos pasos y la casa donde nació el compositor; escenario de esa infancia triste del anecdotario popular. Para las noches, el mercado navideño con tradicional vino caliente.
Me dejó un par de discos con cuartetos de cuerdas y sonatas para piano y violín interpretadas en los instrumentos que usaba Beethoven, la imágen de la Universidad y la Catedral recortadas contra el cielo nublado al final del Otoño. Queda conmigo la tristeza que provoca la ausencia de un cariño que crece y muchos que se han ido. Encontré la sensación de estar ahí, donde los deseos de toda una vida, se transforman en realidad.
Empezaba el camino y no estaba solo. Todos ustedes estaban conmigo. Sin la fuerza que representan, sin el principio y el final del camino que son, sería imposible apartarme de mi mundo para buscar tan lejos la vida que no sé hallar.
domingo, diciembre 17, 2006
Europa
Erick
viernes, noviembre 03, 2006
El Valle de los Gritos
Aunque me entierren a su lado, de sus cenizas a mis restos no habrá ningún pasadizo.
―Beauvoir, Simone de. La Ceremonia del Adiós.
Esta carta fue hallada en Palestina, en el fondo del barranco que ahora llaman “El Valle de los Gritos”. Según dicen, es el sitio donde los familiares separados por la guerra y las divisiones políticas, pueden encontrarse con sus seres queridos. Apenas los separa un abismo de varios cientos de metros. Basta un altavoz para que las palabras lleguen al otro lado.
Un paso de más en la búsqueda del otro a quien queremos se traduce en caída y muerte tras larga agonía. Un paso de menos implica que no escuchará nuestra voz. Todos los días aprendemos a vivir a orillas del abismo, a rechazar el vértigo que nos jala hacia el ser amado. Todos los días gritamos, imaginamos que nuestras palabras llegan al otro lado, pero es imposible tener certeza. No renunciaremos, lo sé. Si el Valle de los Gritos existe, es porque cada hombre, cada mujer lo lleva en su alma, como marca de fuego. Por eso esta carta, aunque fuera un avión de papel, es, también, una botella al mar.
Hace unos días, no apareciste al otro lado del valle. De pronto, ante la evidencia invencible de tu falta, el vacío del barranco se hizo mucho más grave. Esa distancia que llenas con tu borrosa imagen había parecido hasta entonces muy pequeña, insignificante. Entonces, cuando hiciste falta, se volvió infinita. Entendí que no puedo seguirte, que no puedo hacer nada para mantenerte junto a mí. Hay algo más fuerte que este vacío a cargo de tu vida y de la mía. Acaso mañana, cuando la guerra empiece lucharé con más fuerza, mataré con mayor crudeza para atravesar este abismo. Por otro lado, lo mismo sucederá con los soldados de tu parte. Y moriremos todos intentando cruzar el vacío, dejaremos el cuerpo en esta guerra idiota.
Entonces entiendo: algo me separa de ti y no es el abismo. No es este valle de palabras incomprensibles. Hay algo más. Algo que no puede ponerse en palabras. Para llegar a ti, debo pelear con otros tantos que desean, lo mismo que yo, cruzar el abismo. ¿Por qué no podemos cruzar indiferentes, como si no nos conociéramos? Miro las atalayas levantadas por mi gente para evitar que llegue hasta ti en paz. Exigen mi sangre; según ellos, sólo puedo encontrarte a través de la dominación y el sacrificio. No quiero morir.
Acaso es este sentimiento el que nos une. Sólo aquí podemos encontrarnos sin muerte. Respetando la distancia podemos ser libres, hacer pequeño el espacio y decir que estamos juntos. Sé que estas palabras no llegarán a ti y sin embargo las confío al viento. Si decido vivir aquí, a la orilla del valle, los soldados vendrán por mí. Si decido unirme a los soldados, dejaré el cuerpo a medio camino. No importa la forma en que intente unirme a ti, es imposible. Sin embargo estoy aquí, adivino tu figura diminuta, inalcanzable. Estoy aquí, te amo y moriré sin alcanzarte. La muerte no vencerá las distancias y la vida tampoco; pero algo tuyo habita en mí. Una angustia que no puedo definir.
Para estar juntos basta cerrar los ojos y estirar la mano hacia el abismo. Nunca nos tocaremos; me basta saber que al igual que yo, apuntas hacia el otro lado. Algo que eres tú me acompaña. Moriré antes de conocerte, antes de entender lo que ha pasado entre nosotros. Pero estoy seguro de que así nos sucede a todos. El final llega siempre antes de tiempo.
Aunque no seas más que una figura distante, incomprensible. Aunque no seas más que la mezcla de mis sueños fragmentados y la despedazada realidad que nos ha tocado vivir. Aunque nunca podamos vencer al abismo. Aunque el final llegue siempre demasiado pronto. Te amo.
Erick Miranda Valero
Viernes, 03 de Noviembre de 2006
12:45 Hrs.
Más Coincidencias
Ella me dice su dirección, como un futuro posible, para conjurar un encuentro que sucederá algún día. Soy despistado y carezco de sentido de la orientación; en consecuencia, lo primero que hago es revisar el mapa para encontrar la manera de llegar a donde ella vive. No quiero estar perdido y en ridículo cuando llegue el momento de visitarla en casa o llevarla luego de una cita. Con el dedo, recorro líneas que representan calles, busco la manera más sencilla de llegar a la línea que conjura mi futuro. Mi dedo recorre unas letras que dicen, sin que pueda sorprenderme ni estar tranquilo, Agustín Yáñez.
Noviembre 03, 2006
11:00 Hrs.